Se cumplen diez años del adiós de Guardiola del Barcelona; un década de tristeza azulgrana

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Pep Guardiola hizo oficial el 27 de abril de 2012, hace diez años, el anuncio que más sospechaba, y más temía en ese momento, el entorno del Barcelona.

“Me he vaciado y necesito llenarme. La exigencia ha sido muy alta y un entrenador debe tener la energía necesaria para contagiarla a los jugadores. Debo recuperarla y eso se hace descansando”, anunció el entrenador catalán, comunicando que al acabar aquella temporada dejaría su cargo al frente del equipo azulgrana “porque tengo la sensación de que si no me fuera nos haríamos daño”.

Ocurrió aquello seis días después de que el Real Madrid de José Mourinho venciera por 1-2 en el Camp Nou para sentenciar la Liga y al cabo de tres de la eliminación en las semifinales de la Champions League, la noche cruel en que Messi envió dos lanzamientos a la madera (un penalti) y el Chelsea eliminó al campeón.

Y sucedió en una rueda de prensa a la postre sorprendente, por cuanto el entonces presidente Sandro Rosell, la aprovechó para anunciar inesperadamente (en aquel escenario) que Tito Vilanova, segundo de Pep en el banquillo, sería su sucesor como primer entrenador. “A propuesta de la dirección deportiva, el nuevo entrenador del Barça será Tito Vilanova”, proclamó Rosell, ante la mirada atónita de un Guardiola que, conociendo la decisión, ni esperaba ni se tomó a bien que el anunció se hiciera en aquel momento.

Nunca se sabrá si Guardiola hubiera tomado la misma decisión en caso de que aquellos dos partidos fatales hubieran acabado sonriendo al Barça. SI hubiera vencido al Real Madrid para mantener la pelea en la Liga y eliminado al Chelsea para defender la corona continental conquistada un año antes… Aunque el técnico, aquella mañana del 27 de abril, aseguró que la decisión la tenía tomada desde varios meses atrás. “En otoño comuniqué el final de mi etapa, pero no podía decírselo a los jugadores porque el entrenador siempre es un pilar del grupo”.

Al cabo de diez años Guardiola vuelve a protagonizar una semifinal de Champions, ahora al frente del Manchester City y enfrentado al Real Madrid ante el que deberá defender una renta mínima tras el 4-3 del martes en el Etihad, en un partido que no fue tan distinto al del 24 de abril de 2012, cuando el Chelsea sobrevivió en el Camp Nou de manera inaudita y la afición, que por aquel tiempo llenaba siempre el estadio, despidió a su Barça con una cerrada ovación de agradecimiento.

Se entendía el final de una etapa tan exitosa y brillante en su conjunto como enrarecida en los últimos meses. En diciembre de 2011 el equipo azulgrana conquistó el Mundial de Clubes arrasando al Santos del joven Neymar (4-0) en lo que se consideró una exhibición y que venía a sumar un segundo título tras la Supercopa de Europa ganada en agosto tras vencer (2-0) al Porto, pero la temporada, de puertas adentro, descubrió que la relación entre Pep y algunos de los pesos pesados de la plantilla no era ya la más fluida.

La exigencia diaria, máxima e innegociable, que Guardiola trasladaba a sus futbolistas (ya desde el verano de 2008) provocó algunos roces que con el paso de los meses alejaron al técnico del núcleo duro del vestuario. “Llegamos a un punto de tensión, yo a nivel personal con él importante y también del vestuario en general, era un vestuario que en ese momento había ganado todo. Estaba muy desgastado, se dio cuenta y cogió un año sabático. Estaba hasta los cojones de todo el mundo”, reveló hace pocos meses Gerard Piqué, quien explicó que Pep “es una persona que quiere control absoluto de todo lo que pasa y en mi caso comencé a salir con Shakira el año antes y eso a él… bueno, la relación cambió”.

También en aquel momento se especuló que su relación con Lionel Messi estaba muy deteriorada y que contemplando que no tenía el apoyo incuestionable del vestuario entendió la necesidad de marcharse. Con aquella frase palmaria: “Si no me voy, nos haremos daño”.

Al cabo de diez años Pep vuelve a estar en las puertas de una Champions que se le negó tanto en el Bayern Munich como en sus primeras campañas al frente del Manchester City, con el que perdió la final hace un año frente al Chelsea.

Y el barcelonismo suspira por ver cómo elimina al Real Madrid al tiempo que, echando la vista atrás, recuerda aquel 27 de abril de 2012 en que comenzó a acabarse una etapa, la más brillante de la historia moderna del club y que se cerraría, definitivamente, un mes después, el 25 de mayo conquistando su último título: la Copa del Rey frente al Athletic de Bilbao (3-0) en Madrid.