Barcelona cierra un año de pesadilla empatando con el Eibar

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El Eibar, un equipo que perdió siempre en el Camp Nou, que siempre se fue goleado y que ha sido históricamente uno de los visitantes más amables para el Barça, dejó al descubierto todas las miserias del equipo de Ronald Koeman, que despidió el 2020 de mala manera, cediendo un empate terrible que no hace más que derrumbar el ánimo y opciones ligueras de un Barça sin rumbo.

La Liga ya no se dibuja en azulgrana desde hace muchas semanas, pero a medida que pasan las jornadas aumenta la sensación de desgobierno en un equipo al que la ausencia de Messi le provocó un cortocircuito absoluto para completar una noche, otra, para olvidar.

El Eibar, siempre goleado en el Camp Nou, se llevó un empate fatal. Fatal para este Barça descaminado y sin rumbo posible. Un desastre mayúsculo.

Repitiendo el esquema de Valladolid, con los únicos cambios obligados de Junior Firpo por Jordi Alba y Griezmann por Messi, Koeman dio a entender un planteamiento idéntico al de la última jornada… Pero la apuesta no resultó, para nada, tan afortunada como en Pucela. Desordenado, agobiado por la presión del Eibar e incapaz de controlar el juego, el primer tiempo del Barça fue un auténtico disparate.

Apenas si llegó en dos oportunidades con peligro al área rival: la primera sancionada con penalti a Araújo, muy pronto, y la segunda en un gol bien anulado a Braithwaite por fuera de juego. El danés, por cierto, erró el penalti, que lanzó fuera en lo que fue el comienzo de ese auténtico drama en que se convirtió toda la primera parte.

El esperpento llegó a tal nivel que sin apenas rematar a puerta el Eibar dio más sensación de peligro cuando rondó el área de Ter Stegen, además de incomodar de manera evidente al Barça con una presión muy alta que le facilitó su labor defensiva de manera clara.

EL DRAMA

Koeman reaccionó durante el descanso dando entrada a Dembélé por un apagado Dest, con la intención, se supone, de dar mayor velocidad al juego ofensivo azulgrana, pero el juego siguió siendo tan plano como en la primera mitad, solo con Pedri alumbrando entre la mediocridad generalizada.

Y dando paso en un abrir y cerrar de ojos a dos jugadas clave. Primero un pase profundo, magnífico, del canario a Dembélé que se plantó solo delante de Dmitrovic para estrellar en el portero su disparo, rematando de manera horrible después De Jong… Y, acto seguido, encendiéndose todas las alarmas.

Un descontrol de Araújo en el centro del campo provocó que Kike García le robase el balón y se marchase veloz hacia Ter Stegen, a quien superó con un disparo ajustado para colocar el 0-1 en el marcador y provocar toda clase de temblor en un Barça hundido.

Descabezado, desordenado y agobiado, el equipo azulgrana dio un paso al frente, pero sin ninguna idea lógica, moviendo el balón sin ton ni son ante el desespero de Pedri, que pedía protagonismo sin que fuera atendido mientras tanto De Jong como Pjanic seguían siendo incapaces de dar ritmo al juego.

La fortuna le alumbró con otra subida por banda de Junior Firpo, acaso de lo poco que pudo destacarse en el partido, y un centro raso que encontró el remate cruzado de Dembélé para conseguir la igualada. Para entonces, ya estaban en el campo Coutinho y Trincao, en un intento desesperado de Koeman para dar más peso al ataque y aprovechando que el Eibar, fatigado por el esfuerzo, comenzaba a dar un paso atrás.

La recta final del partido fue una sucesión de ataques del Barça, encerrando cada vez más al rival y buscando una remontada tan necesaria como improbable a la vista del desorden y urgencia cada vez más evidente de un equipo desesperado.

Y se acabó. Con Coutinho lesionado, con Trincao fallando una última oportunidad y el Barça, otra vez, hundido en la miseria.