Redacción – Estos días se ha celebrado en Palma de Mallorca el 40º Congreso Nacional de SEMERGEN, una cita en la que los médicos de atención primaria han puesto el foco en la obesidad y en la necesidad de que los médicos sean los primeros prescriptores del ejercicio físico como base de una vida saludable.

Pero puesto que los datos hablan de cada vez una sociedad más obesa, los médicos han creado la Dosis Mínima Eficaz, un concepto heredado de la Farmacología y que responde a la exigencia de conseguir el máximo beneficio con el mínimo esfuerzo, en un afán por instaurar hábitos de ejercicio fácilmente asumibles y adaptados a las necesidades y características de cada persona.

“La dosis mínima eficaz debe tener como objetivo la adherencia y debe basarse en ejercicios sencillos, que se puedan realizar en el propio domicilio y que ocupen el mínimo tiempo (la ciencia ha demostrado beneficios con tan sólo 8 minutos de ejercicio al día), además de mejorar también estéticamente determinadas zonas corporales que preocupen al/la paciente”, afirma el profesor Felipe Isidro Donate, catedrático de Educación Física del Instituto Internacional de Ciencias del Ejercicio.

Esta dosis de ejercicio debe ajustarse según el contexto personal y el escenario patológico que presente el paciente. Entre los componentes de la dosis, es fundamental tener en cuenta la frecuencia, el volumen, la intensidad, la densidad y la metodología.

Mínimos que el Colegio Americano de Medicina Deportiva (ACSM) se ha fijado también como objetivo principal para que los médicos y otros profesionales de la salud incluyan la evaluación de la actividad física en sus consultas a diario  y la implementen  en sus prescripciones de prevención y tratamiento. Además de médicos de atención primaria, se busca la colaboración de los profesionales de ciencias de la actividad física y el deporte, así como de los centros de fitness donde serían remitidos los pacientes para realizar las prescripciones propuestas.

Más zapato y menos plato

El catedrático de Educación Física del Instituto Internacional de Ciencias del Ejercicio, matiza la utilidad de la conocida sentencia ‘más zapato y menos plato’, aunque este lema “es demasiado reduccionista en el ámbito clínico. No se trata de comer menos, sino mejor; no se trata de moverse más, sino mejor. La salud no se mide en años, sino en la cantidad de tiempo que se es capaz de mantener la salud. Y eso tiene mucho que ver con mantenimiento/mejora de la masa y función muscular y ósea”.

Tanto la persona obesa como el adulto de edad avanzada suelen presentar frecuentemente pérdida de masa muscular (sarcopenia) y fuerza (dinapenia); en las mujeres obesas o mayores, además, también es frecuente la pérdida mineral ósea (osteopenia y/o osteoporosis). La ciencia ha demostrado que para mantener y mejorar la masa muscular y su función, así como para combatir igualmente la osteoporosis asociada, el mejor ejercicio es el de fuerza.

“El ejercicio cardiovascular (caminar, nadar…), si bien se asocia con mejoras cardiovasculares, no es eficaz en el mantenimiento de la masa y fuerza muscular y tampoco del hueso, provocando incluso mayores pérdidas (por ejemplo, la caminata para la sarcopenia y el ejercicio acuático para la osteoporosis)”, matiza Felipe Isidro.