Redacción – El holandés Virgil van Dijk está considerado como uno de los mejores centrales del mundo, por su incontestable jerarquía en el Liverpool y en la selección de Holanda, pero el defensa tuvo que superar un obstáculo mayúsculo para llegar a convertirse en el futbolista que es en la actualidad.

Sucedió en 2012, cuando Van Dijk jugaba en el Groningen. El central sentía dolor abdominal, pero los médicos no encontraban el motivo de la dolencia del futbolista hasta que llegó un punto en el que pudo perder la vida si no fuera por su madre.

Estuvo en casa unos días y con mucho dolor. Fue al hospital local pero no pudieron encontrar nada, así que lo enviaron de regreso a casa. El dolor empeoró y cuando su madre viajó para verlo, se dio cuenta de lo grave que era la situación. Ella lo llevó a otro hospital, lo que resultó ser crucial”, sentenció Dick Lukkien, entrenador de los reservas del Groningen por aquel entonces, en una entrevista a la revista ‘FourFourTwo’.

Van Dijk fue llevado de urgencia al hospital, donde le diagnosticaron con apendicitis, peritonitis y una infección en el riñón, por lo que fue operado de forma inmediata. El central estuvo dos meses fuera de los terrenos de juego por este episodio, pero pudo resultar mucho peor si no fuera por la intervención de su madre.

“Todavía recuerdo estar tumbado en esa cama. Lo único que podía ver eran tubos colgando de mí. Mi cuerpo estaba roto y no podía hacer nada. En un momento como ese, los peores escenarios estaban dando vueltas alrededor de tu cabeza. Mi vida estaba en riesgo”, recordó Van Dijk.