Redacción – Un tanto de Míchel en el ecuador de la segunda mitad dio un triunfo vital para el Valladolid, que sale de los puestos de descenso y hunde a un Girona que naufragó durante noventa minutos. Sin generar ninguna ocasión clara a lo largo del encuentro, los catalanes podrían caer hoy en zona de descenso si el Levante vence al Betis.

Girona y Valladolid disputaron en el Nuevo José Zorrilla uno de los partidos más dramáticos de la temporada hasta el momento. Vallisoletanos y catalanes, que estaban separados por tan solo dos puntos en la clasificación antes del encuentro, se jugaban gran parte de sus opciones de seguir en Primera División.

Los primeros compases del encuentro no fueron para nada atractivos, más bien todo lo contrario. Ambos equipos demostraron desde el primer momento que el miedo a perder era muy grande y que, como mínimo, en el tramo inicial nadie iba a arriesgar más de la cuenta. Las primeras sensaciones fueron mejores para el Valladolid, que con jugadas poco elaboradas era capaz de plantarse en la frontal del área del Girona, aunque Bono con un par de buenas intervenciones y Juanpe, atento al corte, solventaron.

Los de Eusebio, por su parte, se mostraron algo imprecisos con el balón e incluso el técnico, desde el banquillo, hacía gestos evidentes a los suyos para pedirles calma y tranquilidad cuando recuperase el balón. A medida que pasaron los minutos el Girona fue sintiéndose algo más cómodo, pero sin ideas para crear peligro a los locales a partir de tres cuartos de campo.

En el cuarenta y cinco, una ocasión no finalizada por parte de los rojiblancos, vestidos en Pucela de amarillo, se convirtió en un contragolpe rápido del Valladolid que acabó con tanto de Sergi Guardiola, pero el linier lo invalidó por fuera de juego.

En la reanudación, más de lo mismo. Imprecisiones, muchos balones largos y muy poco control del esférico. Los de Sergio González estuvieron merodeando el área de los gerundenses, pero sin la capacidad de ser determinantes cuando era necesario. El Girona, totalmente irreconocible, fue incapaz de enlazar tres pases consecutivos en los primeros veinte minutos del segundo tiempo y se limitó a sacar agua de la defensa, pero sin conseguir que Stuani pudiese quedarse con el balón para generar algo productivo a partir de ahí. Tan solo a balón parado pudo llegar el primer gol de los visitantes. Granell lanzó un libre directo desde prácticamente el centro del campo y en una segunda acción Bernardo pudo marcar, pero se marchó desviado.

Dos minutos más tarde llegó el tanto que enloquecería toda Pucela. Enes Ünal aguantó a la perfección el balón dentro del área y cedió atrás para que Míchel, de primeras, conectase un cañonazo imposible para Yassine Bono.

El gol tampoco cambió demasiado el guión del encuentro. El Girona siguió siendo incapaz de reaccionar, de asociarse o de demostrar cualquier señal que le permitiese confiar en igualar el partido. Sin ideas ni prácticamente una ocasión para marcar, los catalanes acabaron colgando balones al área.