Redacción – El Manchester United ganó en Turf Moor, un estadio rodeado de chimeneas que recuerdan a Burnley como una de las poblaciones más importantes de la Revolución Industrial.

El equipo de Mourinho llegó al encuentro en crisis después de las dos derrotas consecutivas ante Brighton y Tottenham. No podía permitirse otro tropiezo, amenazado con descolgarse pronto de la cabeza, así que sacó su versión más aguerrida para sumar los tres puntos (0-2).

El inicio del United fue cuanto menos interesante. En apenas diez minutos consiguió llegar hasta en cuatro ocasiones a Hart, casi todas con Lingard como protagonista, impreciso en la definición: “José Mourinho, José Mourinho”, cantó al unísono la hinchada visitante, que no dudó en recorrer los 45 kilómetros que separan Manchester de Burnley a pesar del mal momento que atraviesa el equipo. Buenas costumbres del fútbol inglés, siempre agradecido a su masa social.

Atenazado por el ultimátum que pesaba sobre su persona, Mourinho se adaptó en su visita y puso a siete futbolistas que miden 185 centímetros como mínimo.

Un indicativo de que el choque no iba a ser precisamente atractivo, más bien reñido y práctico. Y así consiguió el United abrir el camino hacia el triunfo, en un balón colgado de Alexis Sánchez rematado por Lukaku. (26’). Ganar por alto daba muchos puntos ante el Burnley, un equipo que disfruta de cada envío en largo, impacientado cuando combina en exceso.

El 0-1 alivió a un United al que el juego siguió sin acompañarle, al menos con brillantez. Muy lento en la circulación, con Fellaini como organizador en lugar de Matic, al cuadro de Mourinho le costó salir desde atrás, recurriendo demasiadas veces al juego directo. No hacerlo, en cambio, le dio su recompensa. Shaw y Alexis Sánchez se juntaron y ambos trazaron una buena triangulación que, tras una serie de rebotes, acabó en Lukaku. El belga, a puerta vacía, no perdonó (52’) y dejó casi resuelta la partida.

No perdió la fe el Burnley tras el intermedio, insistente en su intento de que algún balón pudiese sorprender al United. Algo que no inquietó al cuadro de Old Trafford, bien flanqueado por Fellaini, autoritario por arriba. Entonces Mourinho dio descanso a Alexis y entró Rashford en su lugar. Un buen retoque porque en cuestión de minutos le cometieron penalti al inglés, aunque Hart detuvo el lanzamiento de un Pogba que fue abucheado por la estruendosa hinchada local.

Su reacción fue impresionante a falta de veinte minutos, decisiva para que el colegiado Jonathan Moss expulsara a Rashford después de que el inglés se encarase con Bardsley en una acción que rozó la agresión. Se caldeó el ambiente y Lukaku pudo sentenciar, pero el equipo de Sean Dyche siguió probando suerte, buscando la testa de Vokes o de Barnes, que aparecieron en escena en el tramo final. Dos remates suyos contra el arco de De Gea fueron lo más destacado de los locales, que no pudieron tampoco matizar el resultado. El United respira hondo y Mourinho sale reforzado, pero confiarse sería un error.