Redacción – Comenzó extraña la tarde para el Atlético de Madrid y el asunto ya pintaba mal desde el inicio. La enésima lesión de Vitolo cuando iba a ser titular, una nueva ausencia de Lucas Hernández en pleno runrún por su marcha y un error a la hora de comunicar la alineación con el baile de un par de jugadores. Eso y un Wanda Metropolitano con más calvas de las normales en la grada a cuenta del horario, el frío y el infumable formato a doble partido de la Copa del Rey.

Unos antecedentes que no invitaban al optimismo. El aroma de toda la eliminatoria era extraño para los colchoneros. En Montilivi merecieron algo más, pudieron llevarse algo menos, pero el caso es que dejaron la eliminatoria expuesta a un accidente que acabó por producirse. Complicado explicar todo lo que pasó en el partido. Si un equipo como el Girona hace tres goles en el Metropolitano sería una temeridad minusvalorar su partido, pero la realidad es que el Atlético generó más ocasiones, tanto en la ida como en la vuelta, dejó buenos minutos, rozó una remontada tremenda en su propio estadio… y acabó cayendo. Eliminado ante un rival que tiene menos de un tercio de presupuesto que el colchonero. ¿Fracaso?

Arriesgó Simeone en el once inicial, sin Antoine Griezmann en él, habida cuenta de que el francés venía siendo el único que marcaba en los últimos partidos. Y el asunto no pudo salirle mejor al Cholo, que por cierto volvía al banquillo en Copa tras cumplir su sanción. Antes de marcar, el Atlético ya había avisado en un par de ocasiones, con sendos disparos de Juanfran y Thomas, desde fuera del área. Por cierto que el alicantino muy bien en el lateral izquierdo de nuevo. El internacional español se reinventa a cada partido para seguir sumando.

El Atlético tenía clara la fórmula. Presión intensísima, muy cerca del área del cuadro catalán y balones a la espalda de la defensa del Girona, donde Ramalho, Bernardo y Muniesa, andaban algo lentos. Kalinic había telegrafiado varios desmarques calcados y en el 12’ Godín teledirigió un pase de 40 metros para pillar por sorpresa a los centrales del cuadro gerundense. El croata dejó botar el balón, levantó la cabeza y fusiló por bajo a Iraizoz para el primer gol. El balcánico lleva cuatro goles y demuestra que puede serle muy útil al equipo. Pero claro, la situación es la que es y el Atlético se va a tener que destapar los pies para taparse la cabeza en el mercado de invierno. Y él es uno de los que pueden ser sacrificados.

Simeone había estudiado cómo desactivar a este Girona que tantos problemas le había dado en los encuentros previos. Apostó por un 4-2-3-1 que sirvió para evitar que el cuadro catalán se desplegase con la velocidad que suele por las bandas, pero sobre todo para ver a un Lemar de enganche que ofreció una versión mejor que en los últimos partidos. El francés bajaba a recibir y aprovechaba su cambio de ritmo y capacidad de regate para hacer daño entre líneas. Por momentos, el fútbol del Atlético era incluso divertido.

El equipo de Simeone no se echó atrás, como suele, se hizo con el balón y siguió atacando. Correa rozó el segundo gol con un disparo desde la frontal que se marchó pegado al palo. Acto seguido, Mateu anuló correctamente un gol de Kalinic que estaba en fuera de juego.

El Girona no había dado señales de vida en más de media hora, pero una acción muy tibia de Lemar, que no estaba jugando mal, para perder un balón a 30 metros de la meta de Adán acabó con un centro que fue despejado al pico del área donde Valery marcó el gol de su vida, bajó el balón con el pecho y lo cruzó con una potencia que impidió a Adán llegar. El equipo de Eusebio ponía las tablas con muy poco. El tanto del cuadro catalán llenaba de dudas a los de Simeone. Los últimos minutos de la primera mitad fueron de cierto agobio para el Atlético, con un Stuani que estuvo a punto de tener un tiro franco en el área para el 1-2, con otro disparo desde larga distancia de un compañero… Una ocasión clarísima del Choco Lozano que se plantó solo ante Adán pero disparó alto tras un mal control.

El guión del partido continuó en la reanudación, por la vía de los últimos minutos de la primera mitad, con un Atlético más metido en su campo, menos valiente, y un Girona más confiado en sus posibilidades. Sin embargo, fueron los rojiblancos los primeros en poner peligro. Un disparo desde la frontal raso en el que Gorka se tiró, la tocó pero no blocó y el balón se fue al palo.

Simeone movió el banquillo. Entró Rodrigo por Saúl, que se marchó tocado tras una acción en el área. Fue justo antes de que el Girona golpease primero. Una falta lateral, de nuevo, la vía en la que el equipo catalán ha masacrado en estas dos últimas temporadas al Atlético, acabó con un cabezazo inapelable de Stuani para el 1-2. El equipo rojiblanco pidió que revisaran porque en el inicio de la jugada, Godín cayó al suelo pidiendo un empujón. El VAR dictaminó que el gol era legal. Entró Griezmann por Koke porque el asunto pintaba mal para los de Simeone. Había que marcar dos goles.

El partido entraba en una fase hiper-vitaminada. Kalinic caía en el área, más bien se dejaba caer, y pedía penalti. Y en la siguiente acción, Griezmann acertaba con un pase entre mil piernas, Correa se plantaba solo en el área y batía por bajo a Iraizoz. El Girona metía oxígeno también. Doumbia para cazar un gol definitivo, Pons para darle aire al centro del campo… El partido estaba bonito de verdad.

El siguiente en intentarlo era Thomas, con un disparo casi desde Ghana que el meta vasco tuvo que sacar como pudo. Acto seguido, Griezmann voleaba en el área y el meta de nuevo tenía que evitar el tercero. El partido se concentraba en los 30 metros más cercanos a la meta gerundense. El Metropolitano rugía con Simeone como director de orquesta, pidiendo a la grada que empujase. Godín estrellaba el balón en el larguero en una acción en el área.

La noche estaba por ser de emociones. Arias marcaba el 3-2 y el VAR lo anulaba a pesar de que en las repeticiones parecía verse que Valery habilitaba la acción. Increíble. De la misma forma que el primero anulado pareció ser claro, éste generó muchísimas dudas. E indignación. Con tecnología o sin ella, el reino de los árbitros no es de este mundo.

El Atlético dio por fin dio con la tecla y parecía que lograba una espectacular remontada. Pase de dulce de Lemar para un Griezmann que fusilaba por la escuadra a Gorka. El asunto parecía liquidado pero de nuevo, el increíble Girona golpeaba de nuevo. Centro de Pons al área, tocaba Borja y Doumbia desviaba a la red para el 3-3.