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domingo, agosto 23, 2026
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Atlético de Madrid tropezó en su debut liguero ante Villarreal

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El partido finalizó 2-2 y el Atlético estaba de local

Estaba cantando que, si a un equipo como el Atlético de Madrid, le metías el factor externo del ruido que iba a generar el plebiscito de la grada con Julián Álvarez; a poco que se torcisese la tarde, que podía suceder, todo iba a explotar por los aires.

Al Atlético ya le había costado, no neceitaba mucho para trabarse en este extraño inicio de temporada en el que, como avisó Simeone, no haber podido prepararse con normalidad por los daños colaterales del Mundial, iba a pesar. Pero sin excusas, el equipo de Simeone tenía argumentos para haber estado más suelo, más afinado. En frente, un Villarreal muy engrasado, que generó más y mejor que su rival.

Que quizás no habría necesitado del empujón del colegiado para sumar en el partido, pero lo cierto es que así fue finalmente.  La bronca por Julián fue sólo una de las dos que hubo, la otra se llevó el colegiado, en un partido que acabó en tablas gracias a un último esfuerzo de fe de Giuliano.

Ha arrancado la temporada con demasiados factores que condionan al equipo, que necesita que se cierre el mercado de una vez, que Julián asuma, si se queda, el papel que le toca; y que el equipo pueda trabajar con un equipo reconocible. Y ahora, vienen tres partidos fuera, en tres de los estadios más hostiles -Sevilla, Bilbao y San Sebastián-. Para preocuparse.

Arrancó el Atlético con muchos fichajes en su once, con todos ellos queriendo agradar. Como Kang-In Lee, que intentaba emular, sin éxito, la del otro día ante el Málaga, con la que abría el marcador. Pero sobre todo un Alejandro Grimaldo que se sacaba un zapatazo desde la frontal, al palo más alejado, al que respondía Junior con un gran vuelo.

VILLARREAL SIN TEMOR

Pero el Villarreal no había llegado al Metropolitano de visita. Como Nicolás Pepè se encargaba de demostrar en la siguiente acción. Se marchaba con muchísima facilidad de Grimaldo, ponía el balón al corazón del área, donde Mikautazde ya celebraba el gol, hasta que un campeón del mundo, Marc Pubill, se tiraba con todo para taponar. La felicitación de los compañeros al catalán, expresaba a la perfección la importancia de su gesto.

El partido tendía un intercambio de golpes, en el que los dos ponían sus argumentos, aunque según pasaban los minutos, el Atlético se espesaba. Le faltaba un último pase, una última acción que desenmarañase la red de un Villarreal que ganaba terreno y que rozaba el gol. Primero con un pase de la muerte al que no llegaba Ayoze por los pelos; y luego con un disparo cruzado de Mikautazde, que Oblak se quitaba de encima.

La primera parte moría con otra gran oportunidad visitante, un balón al que el delantero canario, que una salida del esloveno el Atlético, desbarataba. A los puntos, algo mejor el Villarreal, en el ecuador, aunque todo dentro de un partido muy igualado.

Arrancaba la segunda mitad con el cambio de Baena por Mendoza, que sigue quemando cartuchos sin que se produzca la gran deflagración. Pero lo cierto es que la tónica era la misma que al final de la primera mitad, un Villarreal con mucho más sentido en sus acciones ofensivas. Un Pepè al que no podía atar en corto Grimaldo; ni un Mikautazde al que Le Normad podía frenar. El georgiano se plantaba ante un Oblak que era el único que impedía la derrota en ese punto de partido. Acto seguido, era el africano el que rozaba el tanto.

Por su parte, al Atlético le costaba aparecer en la portería de Junior. Giuliano malograba una buena ocasión. No pintaba de la mejor manera hasta que, en el 58’, un balón suelto, en la frontal del área, era recogido por un Marc Pubill, que se sacaba un zurdazo que habría firmado el mismo Griezmann. Golazo del catalán, que estaba en una zona en la que no le correspondía, ni de la que se hubiese esperado que sacase semejante tiro a la escuadra.

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EXPULSIÓN DE LE NORMAND

Pero no podía ser que los protagonistas fueran los jugadores, si Hernández Hernández, árbitro mundialista, ver para creer, podía evitarlo. Y Vaya si lo hizo el canario. Con ayuda y sin ella. Dos penaltis muy rigurosos le daban la vuelta al partido.

Primero, Hjulmand se equivocaba, perdía un balón en la frontal, entraba con ímpetu para intentar recuperar y tocaba a su rival. Convertía Gerard Moreno.

Acto seguido, una jugada que se había repetido toda la tarde, acababa de la misma manera. Le Normand perdía la carrera con Mikautazde, le empujaba. El juego seguía. Hernández Hernández no había apreciado más que el típico forcejeo, pero el VAR le avistaba, revisaba. Y no sólo pitaba penalti, que el georgiano convertía, sino que, además expulsaba a Le Normand.

El partido, ya con Julián Álvarez dentro, más trotón que implicado, se metía en el territorio Atlético de la fe. Y ahí es donde reina siempre Giuliano, que aprovechaba un pase en profundidad para cruzar ante Junior y dejar la recta final en ese escenario de esquizofrenia general en el que tan bien se mueve el cuadro colchonero.