Redacción – Ángel Correa, delantero del Atlético de Madrid, puso la única luz a un partido antipático, por momentos violento, en el que Argentina, sin Leo Messi, encontró la victoria en Marruecos (0-1).

El jugador rojiblanco, que reemplazó a Rodrigo de Paul a los 62 minutos, aprovechó la oportunidad. Demostró su calidad en uno de los pocos balones con garantías que tuvo la Albiceleste en el área local para marcharse de la defensa y sentenciar el choque con un disparo raso cuando parecía inevitable el empate final.

El partido, marcado en los prolegómenos por la polémica de la ausencia de Leo Messi, apenas pudo ofrecer nada en claro. De hecho ni existió. Conclusiones, por lo tanto, nulas. De amistoso tampoco se puede hablar.

El viento impidió buena parte de la vocación de crear fútbol. La otra se fue al traste por el cúmulo de encontronazos, patadas, discusiones, melé. Principalmente el primer tiempo, por todo ello, fue desesperante.

Las bajas también eran notables, empezando por las del barcelonista, porque el francés Herve Renard, técnico marroquí, también tenía ausencias de relevancia, ya que a las ya conocidas de Hakim Ziyech y Nordin Amrabat se unió la del delantero del Leganés Youssef En-Nesyri.

Al menos Renard sí que consiguió que la intensidad de sus hombres, en demasiadas ocasiones excesiva, que contagió por momentos a la Albiceleste, neutralizara la teórica superioridad técnica del rival.

De entrada, la fogosidad de los Leones del Atlas, que habían perdido sus dos anteriores partidos ante Argentina, les reportó mayor iniciativa y llegadas al área. Constantes en la presión, en la fricción, aún con escaso fútbol, superaban a los pupilos de Scaloni.

Pero como las disputas y las faltas eran constantes (27 al final del primer tiempo), y los amagues de pelea también, el que más trabajo tuvo fue el colegiado zambio Janny Sikazwe, quien en más de una ocasión precisó de la ayuda de sus asistentes para tratar de aplacar los ánimos.

Pocas señales de fútbol había. Lautaro Martínez apenas pudo recibir balón alguno, Paulo Dybala, perjudicado su fútbol de seda sobremanera por el viento, apareció muy poco. Lo mejor para Argentina era la mejoría en defensa respecto a la derrota en Madrid contra Venezuela.

Apenas permitió que dos laterales tan ofensivos como Noussair Mezraoui y Achraf Akimi le hicieran daño. El que tuvo más trabajo por su banda derecha fue Gonzalo Montiel ante la caída a banda de los mediapuntas marroquíes, pero resolvió en líneas generales bien.

Esteban Andrada y Juan Musso, que guardaron la meta argentina, y el local Yassine Bono, tuvieron poco trabajo obviamente en esa nefasta primera parte y en la segunda, en la que el juego de la Albiceleste mejoró un ‘puntito’, tampoco.

Bajó el nivel de agresividad y se pudo jugar algo más, pero el viento siguió siendo demasiado incómodo, un compañero de viaje que prácticamente imposibilitó jugar porque siguió favoreciendo las constantes imprecisiones.

Scaloni y Renard aprovecharon para introducir cambios de forma paulatina. Nada cambió inicialmente. Marruecos, esmerado en la presión, complicó las circulaciones de los argentinos, a los que les costaba situarse ante Bono.

Para su fortuna, Correa, al que le cuesta encontrar oportunidades y continuidad en la selección, alcanzó por fin un buen balón, aprovechó su habilidad, se marchó de un defensa dentro del área y marcó con un disparo raso cruzado.

Fue la única luz a un partido fútbolísticamente para el olvido. Scaloni, tras el disgusto del Wanda Metropolitano, pudo dar minutos a muchos jugadores pero seguro que lecciones auténticas le costará encontrar.

A Renard, que trabaja para la Copa de África de Egipto, le ocurrirá lo mismo, con el añadido de que sale con peor sabor de boca y con nulo acierto en el área rival, defecto que le costó no progresar en Rusia 2018.